Tiene el corazón crudo como un pedazo de carne puesto en refrigeración para que no se pudra. Pero cuando vio a su familia expuesta a la prensa carroñera mientras estuvo en la cárcel, el hielo se derritió y por fin sintió su corazón vulnerable, como el de todas sus víctimas, como el de todos los mortales.
A Magaly la cárcel le hizo bien. Esperemos que su retiro de la televisión no sea corto y la transforme en algo más que el foco infeccioso que fue. Mientras tanto, el resto de peruanos de rapiña quedarán hambrientos por seguir devorando el anticucho de corazón que Magaly servía, siempre que éste no sea de sus propios corazones.